Sunday, March 18, 2007

Lala, al fin madre

 Hoy os hablo de temas mucho más amables. Mi gata, la asocial Lala (que parece que no es tan asocial con los de su misma especie y sexo opuesto) dio a luz el viernes, en un parto que duró más de veinticuatro horas. Todo empezó, lo recuerdo bien, no hace años, sino hace cuatro días,el jueves después de comer, cuando los dos gatos, Lala y Gordo comenzaron a pasearse arriba y abajo maullando e histéricos y, lo más extraño de todo y lo que aún no le perdono a mi gato, Gordo me bufó un par de veces. ¡A mí! ¡A la santa madre que lo ha criado y engordado, la que le pone comida de lata todas las noches, la que le baja las persianas del porche para que no se moje! ¡A mí me bufó! Y yo, resentida en un primer momento, me alejé porque por una vez no compartimos el dolor, confiando en el otro, como deben hacer los gatos y sus amitas. (O las chicas y sus amos).

 El caso es que todo se veía venir, especialmente cuando la gata dejó dos redondas y brillantes goas de sangre en el poco espacio de suelo visible del cuarto de Lucía. Hale, al patio con los gatos y a controlarlos de vista. Nada. Nada. Me fui a las clases y nada. Volví de las clases y nada. Cené y nada. Me fui a dormir sin noticies de la tan ansiada progenie. Y, al día siguiente, mientras me lavaba la cara con imposible lentitud, un grito de anunciación divina, un aviso del cielo que tomó la forma de la voz de mi madre y una, sólo una palabra, que ha llevado al hombre a tantas cosas: Mira, le dijo un hombre de las cavernas a otro cuando terminó de pintar su cacería en la pared del temporal kely, mira, dijeron los senadores haciéndose los longuis cuando los demás encontraron muerto a César (por cierto, que el pasado jueves 15 de marzo fue el aniversario de la muerte de César, descansa en paz y menos mal que muriste y no escribiste más, porque ya hay para traducir varios siglos), mira, deijo Galileo a su ayudante para que mirase por el mejorado telescopio que había creado y observase la fantasía que es universo, mira, dejo la señora de Franco a su marido, mostrándole el hijo que torturaría un país más de cuarenta años… ¡Mira!, gritó mi madre desde la cocina. Yo, rauda de pensamiento contsté ¿un gatito? Sí. ¡Ajá! Me tomé aún mi tiempo para hacer mis cosas (soy animal de costumbres) y bajé todo lo aprisa que pude a ver al pequeño milagro de la naturaleza: Un ratón blanco que se había disfrazado de gato con una orejas de pega, mamando con fruición junto al vientre cálido y amoroso de su mamá.

 Llegué tarde a Latín, y corté a la profesora cuando me decía algo así como que si ya iba a empezar anunciando: Es que mi gata está pariendo, tras lo que se limitó a felicitar a la madre y a pedirme que tomara asiento. Al volver seguía el primogénito solo en el mundo, y recluido junto con su madre en el estudio que estaba acomodado a modo de búnker gatuno con una canasta, el sofá cubierto con mantas, una bandeja con arena, comida y agua. En la puerta rezaba un trozo mal arrancado de papel: No entrar. Gata pariendo =). Todo se debía, me contó mi hermana, haciendo de paso un descanso en la dura vida del estudiante de música, a que el gato rubio de algún vecino había venido a austarla, y el veterinario había dicho que la metiese dentro, para alejarla de todo estrés, y que ya pariría. Más tranquila, aunque con la mosca detrás de la oreja, hice lo normal: Comí, estuve un rato en casa de Charlie con la gente, fui a un ensayo del Superstar de baile… Al regresar lo mismo. Pero esa noche dormí fuera, y a la mañana siguiente encontré, para mi enorme satisfación, una camada de seis preciosos gatitos blancos como la nieve que buscaban las tetillas de su madre y se daban de guantazos en la cara cuando dos iban a por la misma.  

 Y ahí están, a mis espaldas, dejando seca a su madre, que repentinamente es una gata cariñosa como la que más. Lo que no haga la maternidad…

Posted by Julia G.C. at 21:21:49
Comments

One Response to “Lala, al fin madre”

  1. Farloh says:

    Los gatitos recien nacidos son to amenos y están to entakaos :D. La verdad es que quisiera tener uno y poder escuchar ese sonido llamado maullido en tan diminuto cuerpo, pero ya sabes que no puedo tener gatitos por motivos ajenos a mí :(.

    PD: Juls, actualiza el bloh que es muy ameno. ;)

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